No worries!

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Aviso: Este artículo contiene material potencialmente subjetivo basado meramente en la experiencia del autor.

Y dicho esto, No worries! es la muletilla de cualquier australiano para casi todo. Que no entiendes algo, no worries! Que pides disculpas por tropezar con alguien, no worries! Y así un laaaaaaaargo etcétera.

Y tras pasar por más oficios en dos meses que los que haya pasado en toda mi vida, puedo decir (y aquí va mi experiencia) que se aplican el no worries para todo.

Cuando paseas por Sídney, y en concreto por alguno barrios, te das cuenta de que el nivel de vida aquí no tiene nada que ver con la actualidad de nuestro país. Vale, es cierto que en Australia no tienen ni de lejos los problemas financieros que hemos sufrido nosotros. Sin embargo, hay cierta contradicción en la imagen que se proyecta del estilo de vida del Down Under con la realidad.

Pantallas de publicidad en las estaciones de tren con video-consejos para hacer deporte al aire libre y comer sano.

Si te mueves por las zonas más punteras de Sídney el estilo que se respira es entre bohemio y hippie. Si estais familiarizados con esta ciudad vais a saber que hablo de Eastern Suburbs (la zona más playera-surfista), CBD (centro financiero), North Sydney (clase más acomodada) o el Inner West de Newtown o Glebe (hipsters). Dentro de este ambiente lo “orgánico”, comidas no procesadas, el “eco-“, veganismo o incluso comercio justo campa a sus anchas.

Mercado de comida “orgánica” en una de las zonas más pijas de Sídney, Double Bay.

Con un nivel de vida potente y además con una cultura muy enfocada al cuidado del cuerpo y del medio ambiente, uno pensaría que esta parte de Sídney es el summun de la buena vida. Y lo es. Pero ahora os voy a contar la cara B.

Si trabajas en hostelería, normalmente se cuenta con que lo que sobra se destina a bancos de alimentos, ONGs o incluso se lo llevan los empleados a sus casas. Pero esto no es lo que ocurre aquí. Hasta ahora, lo que yo he visto es tirar a la basura bocadillos, sandwiches, batidos, helados, pescado, carne… Y no paro.

Como política en la mayoría de cocinas y restaurantes tienen la de tirar todo lo que se queda en el plato o en el stock de la tienda. Pizzas enteras que se han quedado en el mostrador, tartas de las que sólo se ha cortado una cuña, fruta que se ha pasado un día, etc. Pero hay más. Cuando alguien se sienta en un restaurante o bar, se pueden pedir platos generosos que saben que no van a terminar. Tostadas, cafés, roastbeefs, filetes de salmón, ensaladas de verduras, zumos, refrescos.

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Martini de $10,000 con diamante. ¿Qué os parece?

Es tal el derroche de comida que resulta esperpéntico cómo ciertas personas pueden llegar a dar “consejitos” de buena vida con una realidad de este calibre. A ver, seguro que no es lo que ocurre en la mayoría de hogares australianos. Seguro que en la mayor parte de Sídney tampoco ocurre esta salvajada. Pero en la zona que me he ido moviendo sí, y es lamentable.

Es posible que este post no esté directamente relacionado con el medio ambiente como tal, pero si que está intimamente ligado a la sostenibilidad. No veo posible avanzar en materia de sostenibilidad con semejante derroche de recursos aprovechables.

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