¿Perdemos suelo o la cabeza?

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El suelo es un recurso limitado que al parecer, tiene poco valor. Y digo que “al parecer” porque, de media, perdemos cerca de 176.5 mg de suelo por hectárea al año. Os puede parecer insignificante pero, ¿sabéis cómo se forma el suelo?

El proceso nos lo sabemos casi todos, comienza con la meteorización de la roca madre, que forma parte de la litosfera. Sigue con la alteración física, química y biológica de ese sustrato meteorizado que termina formando una capa homogénea. Dicha capa es rica en contenidos minerales, lo cual se traduce en nutrientes para los seres vivos, quienes dan forma al suelo caracterizándose por horizontes.

Quimicaweb – Etapas de la formación de suelo

El suelo es una capa que no está fija a la corteza terrestre, por tanto se puede modificar con mayor facilidad que la roca madre. Y esta facilidad es precisamente su perdición. No es que el ser humano sea el que se está cargando todo el suelo (que también), sino que el uso indebido, sumado a otras variables naturales en puntos geográficos concretos favorecen la desertificación de tierras cultivables.

El suelo tarda de media unos 10.000 años en formarse, por lo que si te pensabas que podrías recuperarlo, mejor espera sentado. Bueno, pero si el suelo se desplaza por la lluvia hacia otro lugar, siendo el mismo se puede aprovechar, ¿no?

Ojalá fuera tan sencillo, el suelo se compone por partículas de arcilla, limo o arena estructuradas de un modo concreto según el tipo de suelo. Además, cada horizonte presenta una estructura y características determinadas, por lo que dejar al descubierto un horizonte C igual no es muy útil para plantar tomates. Tampoco nos sirve la acumulación de sedimentos en la base de una ladera, porque ese montón ya no tiene la estructura que presentaba más arriba.

Despertando con ciencia planetaria – Los diferentes horizontes que puede mostrar un suelo

Pues ya sabemos que el suelo es lento en formarse, y que si se pierde, es definitivo. ¿Conclusiones? Mejor cuidarlo.

¿Se hace lo suficiente? Podría decirse que no.

Es cierto que los procesos erosivos son en muchos casos naturales y no tienen una relación directa con el hombre, como puede ser precipitaciones torrenciales, pendiente, sequías, etc. Porque claro, el clima no cambia así como así.

Por contra tenemos un mal uso del suelo, por quienes lo labran y por quienes no tanto. Es cierto que la agricultura intensiva o el empleo de técnicas agrícolas muy agresivas son de por sí una mezcla explosiva. Pero una mala gestión del territorio, un ordenamiento sin base técnica así como la recalificación a tutiplén de terrenos rurales a urbanísticos ha incrementado un problema ya extendido por toda nuestra geografía.

En España la desertización avanza imparable, actualmente más del 30% de nuestro territorio se encuentra afectado.

Es en el sureste peninsular donde más riesgo hay de desertización, aunque sus efectos también alcanzan el interior.

Cerca de 159.337 kilómetros cuadrados, de los 506.061 que ocupa nuestro territorio sufren un riesgo alto o muy alto de desertización. Esto es un 31,49% del total, y el 21,68 % el riesgo es medio.

MAGRAMA – El mapa representa los riesgos de desertificación que presentan las distintas zonas de España

En Murcia el territorio afectado es del 99,09%, en la Comunidad Valenciana del 93,04 y en Canarias del 90,48. Por detrás se encuentran Castilla-La Mancha 43,68%, Cataluña 41,88%, Madrid 37,52%, Aragón 28,66%, Baleares 25% y Andalucía 22,30%, y en el resto el riesgo es muy bajo o nulo.

Según la ONU, se estima que en 2020 unos 60 millones de personas emigrarán desde las zonas desertificadas del África subsahariana hacia África del Norte y Europa.

Como veis este no es sólo un problema que afecte a la cosecha del año, también el uso indebido del suelo o la mala gestión de la administración pueden llevar este problema a otros no menos complejos como el desplazamiento de la población, la pérdida de recursos y, quizás lo que más alarma a ciertos sectores, serios problemas económicos.

No todo va a ser negativo, aún podemos actuar para frenar la pérdida de suelo, pero eso os lo contamos en otro momento.


Fuentes

MAGRAMA

CSIC

 

 

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